¿Y tú?, me cierras tu puerta en las narices. Y luego la vuelves a abrir, poquito a poco, una mísera rendija, un hilillo de luz. Yo voy poniendo el pie, para que no la vuelvas a cerrar, poquito a poco. Porque si hago movimientos bruscos, das un portazo y sales corriendo. Y no quiero que vuelva a pasar, nunca. ¿Porqué huyes de esa manera? ¡ni que fuera el lobo! Yo creo que él un día te engañó, te engatusó para que le dejaras pasar, y lo hiciste. Caiste en su trampa. Pero yo no soy la mala de la película ni pretendo hacerte daño. ¿Tú crees que la abuelita del cuento no volvió a dejar pasar a nadie, ni siquiera a caperucita? Pues no, aunque ella sabía que podía volver a ser engañada, venció su miedo e hizo de tripas corazón.
Soy de esas personas que piensan que todos tenemos derecho al amor, a amar, a ser amados.

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