Bajo el agua.
Con las gotas callendo en mi espalda, deslizándose.
Es curioso, cuando realmente estamos solos, cuando podríamos tan solo dejarnos llevar e imaginar lo que quisieramos, es cuando más nos comemos la cabeza.
Cuando más pienso en tí.
No es para que pienses mal, uno de los momentos de total intimidad es en la ducha. (Normalmente.)
A eso me refiero, a las cosas que no las sacamos a la luz, que no las decimos aún cuando estemos con nuestros más íntimos confidentes, por miedo a que nos juzguen, nos critiquen, o solo por el mero echo de que no es la situación apropiada, se descubren cuando nos desnudamos, completamente.
En cuerpo y alma. Por dentro y por fuera.
cobarde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario