Me da grima tocarme los codos cuando están resecos. Y el chirriar del tenedor cuando lo resbalas sobre el plato. Me da grima morder o llegar a notar el saborcillo metálico de las cucharillas. También el oir crujir los huesos; Sobretodo el de las rodillas. O arañar las paredes. Incluso llegar a apretar mucho mucho los dientes.
Me da rabia pensar que te tengo tan solo a unos pocos metros, pero que no puedo llegar hasta tí.

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