martes, 6 de septiembre de 2011

Terrorismo emocional.

Por una parte soñar esta bien.
Eres capaz de provocar las cosas mas imposibles que no podrían ocurrir en el mundo real, creas tu propio mundo, lo desarrollas, todo lo que deseas puede cumplirse. De verdad.
Soñar también sirve para recordar, para mezclar tus propios deseos con la vida real, para afrontar miedos o aclarar dudas. Para alimentar tu esperanza.
Pero por otra parte... puede ser una droga.
Te enganchas poco a poco a ella, confundes la fantasía con la realidad, te crees que puede ocurrir todo lo que sueñas.
Es peligroso, como he dicho antes, soñar sirve para alimentar tu esperanza, pero si te sobrepasas, engorda, se hace enorme, un globo que se hincha, y se hincha, pero nunca explota. Hay hay que tener cuidado, los sueños te confunden y hacen que te confíes. Que te creas la mentira, que veas solo lo que quieres ver, que no te des cuenta de la verdad, de la realidad.
Yo, sin embargo, sigo soñando, porque si no lo hiciera no aprendería, no aprendería a que hay que arriesgarse a pesar de todo, que aunque te caigas una y otra vez, hay que volver a levantarse, y seguir y volver a arriesgarte, aunque vuelva a repetirse el mismo ciclo de siempre.


Porque llegará un día en el que soñar se convertirá en vivir, y te des cuenta de que la vida, ya de por si, es un sueño.

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